Para las especies que viven en manada es importante ser capaces de comunicarse con los de su mismo tipo. Tanto sea para cooperar en la caza, traer la comida para sus cachorros, o quizás lo más significativo: para vivir en paz con los demás. Los conflictos son peligrosos, causan daños físicos y debilitan el grupo, algo a lo que ninguna manada se puede arriesgar, sin duda, una posible causa de extinción.
Los perros viven en un mundo de percepciones sensoriales, la gran mayoría visuales, olfativas y auditivas. Fácilmente perciben detalles minúsculos: una ínfima señal, cualquier pequeño cambio en nuestro comportamiento, la expresión en nuestros ojos… Los animales de manada son tan perceptivos a las señales que un caballo puede ser entrenado para responder a las contracciones en nuestras pupilas y un perro para atender a una voz susurrante.
Realmente no hay necesidad de gritar los comandos (ordenes) ni poner un tono de voz grave y rígido. Es a lo que Karen Prior (bióloga especialista en comportamiento) llama: “matar moscas con una pala”.
Los perros tienen cerca de 30 señales de calma, quizás incluso más. Algunas de estas señales son usadas por la mayoría de los perros, Y hay algunos que llegan a dominar un rico “vocabulario gestual”. Esto varía en cada perro.
