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19 de febrero de 2011

Como tratar a un perro miedoso

Uno de los problemas de conducta más habituales de los perros es el miedo, de este problema derivan muchos otros como la agresividad y el estrés.

A todos nos gusta el hecho de tener un perro fuerte que nos proteja en caso de peligro o que nos alerte si algo malo puede pasarnos, pero no debemos confundirnos, un perro inestable y que ladra o ataca por miedo no es bueno, ni para nosotros ni para el propio animal. Hemos oído muchas veces el dicho de “perro ladrador poco mordedor”, sin embargo, esto es erróneo en la mayoría de los casos. Los perros ladran por muchos motivos, y uno de ellos es por inseguridad y ansiedad. Evitan el primer contacto intentando ahuyentar al “enemigo” ladrando, pero si un perro miedoso se ve acorralado atacará.

Para ayudar a nuestro perro y darle confianza en sí mismo debemos tener en cuenta que es un perro y no una persona. Esto parecerá una tontería, pero si no nos concienciamos de ello desde el primer momento, nuestro perro será inestable toda su vida. Los seres humanos inconscientemente tratamos los miedos con cariño y palabras de afecto, así creemos que aumentamos su confianza y le damos la seguridad que necesita, sin embargo, estamos reforzando lo contrario. Con afecto y diciendo “tranquilo, no pasa nada, estoy a tu lado”, lo único que conseguiremos es transmitir que algo está pasando, que debe estar alerta porque nosotros nos comportamos de forma extraña o inusual.

Tras habernos concienciado de la condición de animal de nuestro perro, existen varias pautas que mejoraran la confianza de nuestro amigo.

Lo primero debemos cambiar es nuestro modo de actuar ante las situaciones que le producen miedo o ansiedad. Debemos anticiparnos, cuando veamos que nuestro perro comienza a agachar sus orejas y a meter el rabo entre las patas, actuaremos rápido y lo sacaremos de ese estado. No debemos dejar que se fije en lo que le produce esa sensación, así que en ese momento comenzaremos a correr o nos lo llevaremos a otra habitación a jugar. Debemos convertir ese momento en un premio, en algo divertido. Pero lo más importante es que no debemos calmarlo hablándole.

Asimismo, debemos tener en cuenta su lenguaje corporal, las orejas agachadas y la cola entre las patas significa miedo; la boca abierta y jadeante es síntoma de tranquilidad; los bostezos significan que está liberando tensiones; ver a nuestro perro con el lomo erizado significa que está alerta para atacar… Gracias a estas formas de actuar, podremos identificar lo que le pasa en cada momento y así podremos actuar en consecuencia.

En el caso de que a nuestro perro le asusten las personas o alguien en concreto, debemos ser cuidadosos, evitaremos que la gente lo agobie con caricias en la cabeza o en el rabo. Si alguien quiere tocarlo debe hacerlo por el cuello o el pecho, ya que son las zonas menos amenazadoras para nuestro animal. Asimismo, si alguien quiere acercarse a él, debe hacerlo sin mirarle a los ojos, dejándole que primero lo huela y preferiblemente dándole la espalda o estando sentado en el suelo. Así, el animal percibirá que no quiere acercarse a él para atacarlo.

Debemos tener en cuenta que la inseguridad y el miedo producen mucho estrés en nuestro perro, una buena cantidad de ejercicio le ayudará a ser más equilibrado y a reducir sus tensiones.

Por último, y no por ello menos importante, jamás debemos educarlo con métodos de castigos físicos, ya que esto reforzará el miedo y la agresividad, y como consecuencia podía llegar a atacarnos. En cualquier caso, si tuviésemos un perro demasiado miedoso o ansioso y no pudiésemos controlarlo, es deberemos consultar con nuestro veterinario de confianza.

7 de noviembre de 2010

Depresión en los perros




   Cuando relegamos a nuestro perro a un segundo plano, cuando somos incapaces de prestarle la atención necesaria, uno de los problemas psicologicos que puede acarrear es la depresión. El animal entra en un estado patológico alterando su actividad psíquica y afectiva. 

   En la mayoria de los estudios que se han realizado sobre la depresión canina, señalan al amo como principal causante.

   La forma de exteriorizar su enfermedad puede verse de distintas maneras. Apatía general, inapetencia, falta de respuesta ante estímulos gratificantes, somnolencia, sed excesiva, etc. 
 
   En las depresiones no existen razas, sino indivíduos. Cuanto más hipersensible es el animal, mas riesgo de padecerla .Según las estadísticas, los Terriers y  los mestizos (regogidos en perreras o guarderías) son los más proclives a padecerla.

 Tipos de depresiones: 
  • La depresión endógena povocada por la  ausencia aparente de motivaciones, es decir, su causa es genético (hereditario) 
  •  La depresión exógena, quizás la más importante, consecuencia directa del entorno, provocada por causas muy variadas.


Tratarla

   En primer descartaremoscualquier tipo de dolencia físicas que tuviese el animal, ya que cualquier problema orgánico empieza con la tristeza y decaimiento y esto tiende a confundir. Una vez descartados los problemas físicos, se llega al plano del comportamiento psíquico.

    Así, si el perro presenta un carácter de apatía general, somnolencia, inapetencia o falta de interés ante estímulos gratificantes, se debe sospechar de una posible depresión. Empezaremos mejorándola dandole atención y aumentaremos la actividida física del perro. Uniendo lazos conseguiremos que abandone el sentimiento de rechazo y se sienta apoyado por nosotros. Cuando estemos ausentes y para suplir nuestra compañía, le pondremos la radio, (mejor programas tipo tertulias que de música), llevará la la soledad mejor cuando tengamos cosas que hacer,  pero jamás sustituirá todo esto nuestro cariño.

   Si a pesar de todo esto, no conseguirmos levantar el ánimo al animal ,un especialista nos ayudará a elegir mejor la terapia adecuada.